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3 Enseñanzas que encarcelan el instinto de los pequeños

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Algunos lo llaman sexto sentido, otros intuición y muchos instinto. Una habilidad que poseemos desde que somos pequeños, pero que con el paso del tiempo la lógica y la racionalidad destrozan. No todo es lógico. Merced a nuestro instinto podemos advertir a las personas tóxicas, saber cuándo alguien no nos es conveniente o nos procura hacer daño.

Al quitar tu instinto, te conviertes en una persona más frágil. Entonces, ¿por qué hacemos esto?, ¿qué ha pasado? La enseñanza es lo que ha pasado. Los adultos piensan que saben educar. Pero, no son conscientes de que hay habilidades importantes a las que no les prestan atención. El instinto, por servirnos de un ejemplo.

Nuestra forma de enseñar a los hijos viene determinada por cómo lo han hecho nuestros padres o de qué forma lo hacen los demás. De esta manera, repetimos patrones, sin analizarlos en profundidad para determinar si están bien o mal. Hoy te vamos a dar algunos ejemplos de de qué forma ciertas actitudes que potenciamos y que creemos son buenas pueden matar el instinto de tus hijos.

Matas el instinto cuando presionas

Tal vez creas que en ciertas ocasiones presionar a tus hijos puede tener resultados positivos. Pero esto no ocurre cuando se trata, por servirnos de un ejemplo, de abrazar o bien besar a otras personas. Todo el mundo tiende a querer mostrarse cariñoso con los más pequeños. Pero… ¿alguien ha pensado en si quieren lo mismo?

Imagina que a ti te obligan a besar a alguien que te cae mal o bien a abrazar a esa persona que te no te agrada lo más mínimo. Si a tu hijo no le apetece abrazar a alguien y lo obligas, matas su instinto. Él aprenderá que no debe someterse sistemáticamente a la voluntad del adulto, con independencia de si ese adulto le agrada o no.

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pequeño atrapado por las dinámicas de la casa

De la misma manera, existe otro género de presión. Una presión que ha ido surgiendo en los últimos tiempos y que hace que los niños no gocen de su niñez. Hablamos de las horribles actividades extraescolares, esas que ocupan el tiempo de los pequeños pero que les impide hacer lo que mejor saben y lo que más necesitan, jugar. Si es con sus padres, mejor.

Los pequeños aprenden desde muy pequeños a implicarse en aquellas actividades que en teoría les hace más competitivos en el futuro, sin tomar en consideración si se sienten bien con ellas, si les hacen felices… Matamos su instinto. Al final, se transformarán en adultos que no sabrán verdaderamente lo que quieren y que se van a dejar llevar por lo que cualquier trabajo esclavo demande.

Los temores no son tonterías

Cuántas veces habremos escuchado “ya eres demasiado grande para temerle al coco” o “tenerle miedo a la oscuridad es una tontería”. Con esto, procuramos tranquilizar a nuestros hijos, mas realmente estamos ignorando un temor. Esto, sin saberlo, se transforma en una barrera.

El pequeño va a aprender a esconder sus miedos para que el resto no crean que se está comportando de una manera ridícula. Su instinto se destruirá poquito a poco, hasta el momento en que llegue el momento en el que no sepa identificar aquellos miedos verdaderos de los que no lo son. Esto puede causarles arduos problemas en el futuro.

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Los miedos que no se superan se convierten en barreras

De manera contraria a esta actitud, existen los progenitores que intentan proteger en todo momento a sus hijos. Es muy normal que tengas esta tentación. Pero ellos tarde o temprano tendrán que lidiar con los problemas, los temores y las situaciones con su propia actitud y sus diferentes aptitudes. Les estás inculcando una falsa seguridad, que se romperá drásticamente si un día no puedes lograr esos niveles de protección.

niño tras cortina

Cuando un niño siente esa falsa sensación de seguridad, su sexto sentido se aduerme y cuando sea necesario no se va a despertar. Cuando cometan un fallo se sentirán perdidos, la falta de seguridad les someterá. Tenemos la errónea idea de que debemos resguardar a nuestros hijos, mas lo que en verdad deberíamos enseñarles es de qué forma protegerse a ellos mismos.

Como progenitores no siempre tenemos la razón

¿Por qué siempre queremos tener la razón? Los adultos asimismo se equivocan, pero parece que deseamos ser mejores, dar una falsa apariencia de perfección. No nos damos cuenta de que somos tan humanos y tan imperfectos como el resto. Esto provoca que cometamos muchos errores.

¿Recuerdas cuando tú eras un pequeño? ¿Recuerdas de cuándo no comprendías por qué te mandaban hacer algo cuando tus propios progenitores no predicaban con el ejemplo? Esto puede contrariar a un niño, provocando que no sepa realmente lo que está bien o bien lo que está mal.

padre confiando en su instinto

El instinto de un pequeño se ve mermado en esta situación y en muchas otras. Como, por servirnos de un ejemplo, cuando no escuchamos realmente a nuestros hijos porque lo que afirman son “tonterías”. Recuerda ese respeto que le estás queriendo inculcar a tu hijo. Él asimismo se lo merece, ¿no lo crees?

Muchos son los patrones de comportamiento que de forma automática aplicamos con los más pequeños, sin pararnos a pensar cuáles son sus auténticos efectos. No nos damos cuenta que matamos ese instinto con el que nacen y que podría facilitarnos mucho la vida. Entonces, ¿por qué razón empecinarnos en terminar con él? El instinto y la racionalidad deberían de encontrarse en equilibrio. Solamente de este modo vamos a poder tomar las mejores decisiones.

 

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