¿Qué nos hallamos si ponemos un pie en el mundo del mindfulness? Nos podemos sorprender al hallar un espacio para conocernos mejor, desde la aceptación y el no juicio, puesto que se trata de cultivar, como si nos dedicáramos a la sutil tarea de cuidar un jardín, nuestra presencia más auténtica. El Mindfulness o atención plena, según uno de sus vanguardistas Jon Kabat-Zinn (1994), significa prestar atención de una manera especial: intencionadamente, en el momento presente y sin juzgar.

Su práctica está al alcance de todas las personas (aunque inicialmente puede resultar bastante difícil si vives en entornos de mucha actividad), pues la propuesta se fundamenta en ralentizar nuestro ritmo con la meta de incrementar nuestra capacidad de estar presentes. Este “movimiento” hacia la presencia influye en aspectos como nuestra conciencia anatómico, darnos cuenta de de qué manera nos relacionamos con otras personas, o bien disfrutar de manera plena de hábitos como comer o caminar en un parque. Adiestrar nuestro enfoque de atención nos ayuda a reconocer y querer las sensaciones, percepciones y emociones que van surgiendo en todos y cada momento, para luego aprender a contestar de forma consciente a cada una de ellas.

Existen ya abundantes estudios que demuestran que entre los efectos positivos de la atención plena se hallan la reducción de la impulsividad, el favorecimiento del desarrollo de la gestión emocional, el incremento de la sensación de bienestar, el promuevo de la serenidad como nos facilita el relacionarnos desde la empatía, la aceptación y la compasión.
La educación es uno de los entornos en los que el mindfulness ha sido introducido desde hace más de una década, y la positiva acogida de la que goza es indudablemente signo de los abundantes beneficios para toda la comunidad educativa.

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En general las experiencias que se han puesto en práctica resaltan el aumento de los niveles de concentración y de regulación emocional de los estudiantes, ya que la atención plena ayuda a reducir la dispersión cognitiva y también la ansiedad y apatía, tan comunes en ambientes escolares. Además, los programas de mindfulness asisten a prosperar las relaciones entre profesorado, estudiantado y familias, puesto que su práctica potencia la empatía, la comprensión cara el resto y el desarrollo de habilidades para la resolución de enfrentamientos.

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Ante las continuas contrariedades que brotan en el día tras día del sala, esta técnica supone una respuesta de manera directa dirigida a la falta de atención. De ahí que aprender a practicar el mindfulness y compartirlo con nuestro alumnado es un reto que empieza por el hecho de que cada una de las personas que nos dedicamos a acompañar procesos de aprendizaje descubramos por nosotras qué es y de qué forma se integra en nuestra vida diaria.    Y si te apetece conocernos un tanto mejor no dejes de visitar nuestro facebook.

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Mindfulness | Rumbos, recursos educativos especializados
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