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La tranquilidad de no tener nada que esconder, no tiene precio

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Deshacer la cama con la conciencia sosegada no tiene costo. Pues quien no tiene nada que esconder, deja las cosas claras desde un principio y opta siempre y en toda circunstancia por la verdad respetuosa antes que por la patraña de doble filo o el engaño piadoso, descansa como un niño y vive como el adulto que entiende y aplica el arte de la honestidad.

Leonard Saxe, es uno de los máximos expertos en el polígrafo y doctor en sicología de la Universidad de Brandeis, un centro orientado en exclusiva a hacer investigaciones sociales. En uno de sus trabajos, nos explicaba que la patraña, tal como afirmó Nietzsche una vez, es una parte más de nuestra vida, y uno de los focos de mayor infelicidad en el ser humano.

Ahora bien, debemos tener en consideración que la falsedad tiene muchos matices. No podemos excluir, por ejemplo, una práctica que muchos llevamos a cabo a menudo y que los especialistas describen como “mentiras de cortesía”. Nos referimos a esos instantes en que le decimos a alguien aquello de “estoy bien, por supuesto, no pasa nada. Todo va estupendamente”.

Uno de nuestros mayores problemas es vivir en una contradicción incesante. Demostrar armonía cuando lo que sentimos es desesperación, agota. Silenciar verdades por no ofender, destroza. Disimular injusticias, por temor a mudar las cosas, aniquila nuestra autoestima.

Lograr esa tranquilidad de mente que calma los tormentos del corazón requiere mucha bravura. Sin embargo, es un ejercicio que debe practicarse a diario, comenzando desde las cosas más pequeñas; esas que minan nuestra calma, esas que una por una, construyen el castillo de nuestra infelicidad.

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Te animamos a reflexionar sobre ello.

En la película de “Superman” de mil novecientos setenta y ocho hay un instante que nos sirve para ilustrar algo esencial. En un instante dado, Lois Lane le pregunta a Superman por qué está en nuestro planeta, y cuál es su función. A lo cual, el superhéroe responde “que está aquí para batallar por la verdad y la justicia“. Tras escuchar esto Lois ríe y le pregunta que si está en broma. Superman, responde con contundencia “que jamás miente”

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Tras oír esta última oración del protagonista, cualquier espectador no puede más que sonreírse. ¿Cómo no va a engañar Superman si se pasa la vida haciendo pensar a todos que es Clark Kent? Bien, tal y como hemos explicado al inicio la patraña tiene matices, y lo que ha buscado ensalzar siempre y en todo momento este tradicional personaje es la honestidad.

No obstante, ese valor no le fue transmitido como un superpoder más, en realidad, fueron sus progenitores adoptivos quienes lo iniciaron desde bien temprano en este pilar tan básico donde se integra no solo un principio ética, asimismo está la moral, la verdad y el sentido de la justicia.

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A esta conclusión se llegó en un estudio realizado en la Universidad de Harvard por el doctor en sicología experimental y neurología Joshua Greene. Más que instruir a los pequeños a o bien mentir, lo que de verdad favorece una adecuada convivencia además de una autoestima fuerte, es la necesidad de ser siempre francos.
La honestidad es percibir la voz de nuestros valores y vivir en sintonía con ellos, sin ocultar nada, siendo siempre y en todo momento congruentes con nuestros principios morales. Por esta razón, si educamos a los niños desde bien temprano en los pilares del amor, la paz, el respeto y el “autorrespeto”, mejoraremos sus relaciones sociales creando un tiempo de trasparencia y confianza mutua donde todos ganemos.

sonriendo

didarahmed26 / Pixabay

Vivimos en una sociedad donde se valora la verdad pero es la patraña la que vende, la que triunfa y la que se premia en demasiadas ocasiones. Nos referimos ante todo a la falta de honradez, esa que gusta a la prensa amarilla, esa que aplica filtros a la realidad para vendernos cuerpos y escenarios de ensueño. Charlamos asimismo de las esferas políticas, capaces de cautivarnos con verdades a medias o bien con patrañas enteras.

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No obstante, podríamos decir que “casi” nos hemos habituado a estas activas. Sin embargo, lo que más duele son las falsedades de nuestras personas más próximas, la falta de honradez en ciertos entornos laborales y esas mentiras piadosas que de forma frecuente nos dedican con toda la “buena” pretensión.

Ahora bien, hay un hecho que está muy claro. Las personas que practican día a día esa sinceridad respetuosa donde nada se queda dentro, donde nada se oculta o se oculta, no siempre y en todo momento reciben lo mismo a cambio. Es más, por curioso que parezca, hay quien ve en la sinceridad un tipo de agresión.

Es preciso rememorar en todo momento algo muy importante que nos explican mediante libros como “Lies!, Lies!!, Lies!!!: The Psychology of Deceit“ (Patrañas, patrañas, la psicología del engaño). Las personas que practican el autoengaño, que ven en la patraña su forma de vida y que por su parte son reluctantes a aceptar que otros los aproximen con respeto hacia la verdad y la realidad de las cosas, tienen una tendencia mayor a padecer trastornos de ansiedad, estrés y depresiones.

Para terminar, pocas cosas son más saludables para la mente, el ánima y el corazón que irnos a nuestra cama con la conciencia tranquila. Quien no tiene nada que ocultar y es siempre y en toda circunstancia congruente con sus valores y principios, navegará por sus océanos vitales en armonía y con una conveniente salud mental.

Fuente: lamenteesmaravillosa

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