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La gran trampa de juzgar a el resto

Todos hemos caído alguna vez en la horrible trampa de juzgar a el resto. Pero, ¿por qué nos referimos así a este hecho tan habitual? Cada vez que emitimos un juicio sobre alguien nos convertimos en personas que crean una o bien múltiples historias que pueden ser lejanísimas al aspecto de la realidad sobre las que las hemos inventado.

Piensa en esa madre que siempre lleva tarde a su hijo al colegio. Quizás empieces a juzgarla como una mala progenitora o bien una vaga a la que le agrada mucho la cama. Aun como una desordenada que no sabe controlar el caos. ¿Te has parado a meditar en si todo esto es verdad? No siempre y en toda circunstancia a falta de una explicación, la que comprendes como más frecuente es la cierta.

Las personas son rápidas para juzgar a el resto, mas lentas para corregirse a sí

Sin darte cuenta, estás suponiendo lo que puede estar pasando en la vida de esa persona. Estás cayendo en la trampa de completar la información que ignoras con una historia inventada por ti… Te estás equivocando y no eres consciente de ello. Todos deberíamos ponernos unas lentes como el hombre de este vídeo:

La culpa la tiene nuestro ego

La razón por la cual juzgamos de esta forma tan precipitada la tiene nuestro propio ego. De forma consciente o bien inconsciente, necesitamos sentirnos mejores que los demás o bien manifestar nuestro rechazo ante cierta actitud. Al juzgar, estamos cerrándole las puertas a la empatía.

Cuando charlamos de ser empáticos con el resto mucha gente afirma “sí, yo soy empático”. Si una amiga se desahoga conmigo y necesita que la escuchen soy capaz de ponerme en su lugar, comprenderla y animarla sin caer en la tentación de juzgarla. Es cierto, eres empático, mas solo con las personas a las que conoces. Con las que no, caes en la trampa.

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Precisamos apreciarnos superiores, singulares, distintos. Preferimos observar desde una distancia prudente a esa persona que pensamos que no está actuando bien. Lo queremos de esta manera pues esto alimenta nuestro ego y, de alguna manera, hace que nos sintamos mejor con nosotros mismos.

¿Alguna vez te has encontrado aislado porque absolutamente nadie te entendía? Seguro que en más de una ocasión por tu psique pasó la frase de “si supiesen lo que estoy viviendo, por lo que estoy pasando…”. Eso pensarán todas esas personas a las que juzgas sin saber realmente lo que les ocurre. ¿Verdad que es diferente ver las cosas desde el lugar del otro?

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Además, piensa que aún si estuvieses en la verdad y la otra persona está actuando “mal” bajo tu percepción, ¿quién eres para reprocharla? No sabes lo que le ha ocurrido en su pasado. Pues, ¿quién de nosotros es perfecto? Todos tenemos derecho a equivocarnos, aun a gozar de esa oportunidad.

Si no sabes, pregunta

Volvamos con el ejemplo de la madre que tan descuidada es con su hijo, o bien por lo menos es lo que tus ojos semeja. Quizá esté viviendo bajo el dominio de un marido maltratador, tal vez esté pasando por una enorme depresión o bien, últimamente, se le haya fallecido un familiar al que le tenía mucho cariño. Estas explicaciones nos gustan menos pues nos forzarían a implicarnos, llamarían a la puerta de la conciencia: no son simples.

Por otra parte, no las vivimos; lo que sí vivimos es lo que nos cuesta levantarnos cada mañana. Tal vez de ahí que ubicamos ahí su punto de flaqueza.

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Si tan mal la has visto, si tanto desconcierto te ha producido su actitud y la apuntas con el dedo, ¿por qué no le preguntas? Si se halla en alguna de las situaciones precedentes puede que hasta agradezca que alguien, absolutamente ignoto, se preocupe por ella. Por el hecho de que tal vez que en su vida nadie lo esté haciendo.

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Quizá sea el preliminar para una bonita amistad o bien, simplemente, una situación en la que tiendes tu mano a otra persona para que la coja si lo precisa. Seguro que en alguna ocasión a ti te hubiera agradado que hubieran hecho algo semejante contigo. Que en vez de ignorarte o verte con ojos llenos de juicios negativos, se hubiesen acercado a ti y te hubieran abierto los brazos de la comprensión y el entendimiento.

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Sin embargo, ¿de qué forma no tendremos miedo a consultar? Al hacerlo, todos nuestros juicios se vendrían abajo, deberíamos desmontar el esquema que hemos construido en nuestras mentes y quizás nuestro ego se vería afectado. De alguna manera nos protegemos cayendo en una de las trampas más mortales. Esas que constantemente criticamos.

Juzgar a una persona no define quién es ella, define quién eres tú.

Tendemos a caer en la trampa de juzgar a el resto. Trampa que evitaríamos poniendo conciencia en aquellos procesos que prácticamente ejecutamos de manera automática. De esta manera, es el momento de mostrar interés por ayudar a el resto, aun por encontrar una explicación si la necesitamos y no inventárnosla, por tener paciencia y aguardar hasta que podamos construirla o bien conformarnos si no podemos hacerlo.

 

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