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Caos sexual, la plaga de nuestros días

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La sexualidad es uno de los aspectos que más condiciona y enriquece nuestras vidas. A lo largo de la historia ha sido reprimida, castigada, liberada, criticada e incluso manipulada. En este sentido, en nuestros días hemos dado paso a una sociedad hipersexualizada e hipócrita en su propaganda: estamos de manera continua rodeados de contenido sexual, pero a la hora de la verdad las estadísticas hablan de que la insatisfacción es la triste protagonista.

El desempeño sexual se nos presenta como la variable determinante que nos hará ser más felices. Cada vez hay más redes y aplicaciones para conocer gente, nunca ya antes había sido tan simple. Acumular encuentros sexuales, contar nuestras últimas hazañas con todo detalle y desechar aquello que no nos complace en una primera impresión ha dejado de ser la salvedad para transformarse en regla.

¿Por qué razón a pesar de tener a nuestro alcance tanta pluralidad de posibilidades no conseguimos estar satisfechos? La superficialidad y facilidad con la que se nos presenta el mundo sexual y cariñoso son parte del problema. Las relaciones se fundamentan cada vez más en 2 aspectos: frialdad y ausencia de límites. Por estas razones hemos llegado a ser androides que experimentamos “sexo sin sexo”, y todo ello nos está empujando a buscar cambios en los papeles e identidades sexuales como un intento desesperado de dar orden a este vacío anárquico.

Sexualidad mecánica

La generación de jóvenes actual es menos activa sexualmente que la de cualquier otra temporada. ¿De qué forma puede darse esta paradoja? Se ha producido una pérdida de atracción y de interés sexual sostenido por la excesiva y continua exposición a ello. Estamos saturados. Nos están llevando a una destrucción de la calidad de las relaciones íntimas, a la incapacidad natural para amar y relacionarnos con los otros.

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Pareja adolescente triste

Hay una peste emocional, una necesidad de control incesante y un miedo a la excitación agradable real. Las mujeres hablan de incapacidad de experimentar deSeo sexual y 1 de cada tres mujeres sufre de anorgasmia. Los hombres se tropiezan con problemas de potencia sexual y aumenta el número de eyaculadores precoces.

¿Qué hay de fondo en todo ello? Una ideología autoritaria y mercantil. Las ideologías se encarnan en las personas, somos una masa sumisa ante el sistema. Transformamos al otro en simple mercadería, en un número más, en un producto intercambiable. Ya antes venderse era lo peor, ahora lo peor es venderse asequible, es decir, actualmente lo imperdonable es no ser parte del mercado de la oferta y demanda sexual. Se castiga no sacar a subasta nuestra cara más deseable, no entrar al juego de encontrar el mejor postor.

Hemos confundido valor y precio. ¿De qué manera? arrinconando en un segundo plano nuestros principios y valores y etiquetando a las personas en función de criterios como su imagen o su poder adquisitivo. Necesitamos etiquetar para sentirnos seguros, tendemos a permitir mal la inseguridad y las frustraciones y por ello preferimos seleccionar a el resto en base a adjetivos frívolos que faciliten y reduzcan el abanico de posibilidades.

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Procuramos saciar nuestros caprichos bajo el escudo de “Carpe Diem” y eludimos continuamente la angustia por medio de la busca de placer. Con este pretexto reducimos el proceso de elección a 2 opciones: me agrada o bien no me gusta, y con un fugaz movimiento de dedo sobre nuestra pantalla pasamos al siguiente producto.

Conformismo como anestesia

La apariencia de estar eligiendo cuando se es una parte del rebaño, la falta de conciencia crítica y de responsabilidad frente a uno mismo y frente al otro nos arroja directos a una pérdida de la personalidad. Anteponemos el mimetismo social a nuestra libertad para pasar a ser parte del circo. Precisamos estar con alguien y nos da igual a qué costo.

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Desaparecemos en la mitad de la gente, elegimos ser uno más con tal de no sentirnos solos. Entre todos hemos montando una fiesta de disfraces en la que absolutamente nadie muestra sus sentimientos genuinos y este conformismo nos conduce a admitir relaciones que no nos llenan e incluso a ceder y hacer cosas que realmente no nos apetecen o bien no estamos seguros de apreciar hacerlas.

Tenemos miedo a la libertad. La libertad individual supone tener la capacidad de desvincularse y de elegir si deseamos tomar distancia en comparación con otro y evitar depender de él, esto es, la libertad individual nos saca del conformismo y nos fuerza a responsabilizarnos de nuestras elecciones, nos empuja a escoger conforme nuestro propio criterio y a conocernos.

Dejar de depositar la responsabilidad en otros es un acto de osadía. Identificar nuestros errores y nuestras distorsiones ayuda a tomar conciencia de las propias acciones y decisiones. La carencia de entendimiento con uno mismo y el miedo a escuchar lo que suena dentro de nosotros solo acarrea a maquillar la realidad y a ser cómplices de un sufrimiento silenciado a nivel social. Comencemos por poner orden a nuestro caos.

Chavala adolescente sentada en un banco

Autenticidad, la pieza clave

Vivimos en el siglo del individualismo. ¿Cómo afrontarlo? Dejarnos conectar con nuestra forma de ser real y con nuestros sentimientos es el primer paso. Encararnos a nuestras luces y nuestras sombras nos va a facilitar relacionarnos de una forma más genuina con los demás y a vivir una sexualidad sana y satisfactoria.

La sexualidad nos deja comunicar nuestras emociones y pasiones más íntimas, es una fuente de placer y puede ser expresada de múltiples formas. Está influida por la interacción de diferentes factores: biológicos, sicológicos, sociales y éticos, y precisamente mediante su dificultad podemos enseñar nuestra forma de ser más genuina.

Una de las características de la sexualidad es la capacidad de vinculación cariñosa, esto es, desarrollar y establecer relaciones significativas con otras personas. Quizá dejamos de lado las formas de relación superficiales, los prejuicios y las etiquetas consigamos conocer de forma genuina y genuina a la otra persona. Construir interactúes más naturales y satisfactorias que nos permitan probar y gozar de manera más satisfactoria de nuestra sexualidad.

 

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