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A mi padre, la persona que me enseñó a caminar por la vida

Los hijos no vienen con manual de instrucciones, pero mi padre sorteó cada obstáculo y cada complejidad para alzarse como el ser más sabio y también esencial de mi vida. En mi corazón quedaron grabados sus abrazos, sus sonoras carcajadas y esa mirada cálida que siempre me atendía, que siempre y en toda circunstancia se preocupaba en silencio por mí.

Resulta curioso de qué manera a lo largo del tiempo la mayor parte de estudios efectuados acerca de la figura de los progenitores no ha recibido el valor que de verdad merecen. De alguna forma, se enfocaba solamente su papel como pilar económico en la dinámica familiar o bien como esa figura “presente pero ausente” que no acababa de implicarse en la crianza de los hijos.

Algo que todos sabemos es que hay muchos géneros de paternidad como de maternidad. Hay madres tóxicas y madres excepcionales. Hay progenitores poco hábiles y nada sensibles y genuinos héroes rutinarios. Personas que dan ejemplo, que inspiran y que dan al planeta niños felices. Adultos responsables que tienen en sus padres y madres todo un modelo a proseguir.

Actualmente ya hay una tentativa real de recuperar la figura del padre. Disponemos de muchos trabajos donde se deja a un lado el concepto de “apego monotrópico”. Ahí donde un bebé, aparentemente, precisaba solamente de esa cercanía materna para crecer y desarrollarse. A día de hoy, el apego implica ya a más figuras.

Nuestros progenitores son esas figuras imprescindibles que merecen ser reconocidas. Tanto si nos dejaron hace tiempo tal y como si los tenemos junto a nosotros, todos sabemos de qué estaba hecha su piel y su corazón: de valentía, de mudo sacrificio y emocionado orgullo por sus hijos.

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padre e hija

El padre presente, el padre como figura sensible

No debemos ver la crianza de un hijo como una tarea separada por géneros. En ocasiones, aun el propio lenguaje se vuelve sectario y excluyente. “Mi pareja me ayuda en todas las labores, es un gran papá”. Un padre no ayuda, un padre también es parte esencial en toda activa familiar. Pues la crianza y el cuidado de un hogar no es patrimonio de absolutamente nadie, de hecho, es completamente sustituible.

Como dato a tener en consideración y conforme el “Instituto de Estadística“, la figura de los padres solteros es una realidad en alza. En verdad, en países como en Reino Unido el porcentaje llega al 23 por ciento.  En mil novecientos noventa y tres la cifra mundial de padres solteros era del 9 por cien y hoy suponen ya un catorce por ciento . Son familias monoparentales donde son los hombres los que crían. Son quienes  forman y sacan adelante a sus hijos con la misma eficiencia y dicha que las madres solteras.

La llegada de un hijo y los cambios bioquímicos en el papá

Por otro lado, lo creamos o no, el cerebro de los papás también experimenta diversos cambios con la llegada de un hijo. No solamente las mujeres viven ese cambio hormonal tan importante con el que empezar la lactancia o crear ese vínculo con el recién nacido. Las estructuras cerebrales del hombre asimismo disponen de una compleja “red de crianza”. De ese modo, se adoptan exactamente los mismos patrones de participación sensible y cognitiva que la mujer.

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padre e hija

Existen distintos estudios que nos prueban múltiples aspectos. Ver a la pareja con el bebé genera en el papá una serie de cambios hormonales muy específicos. Aun el hecho de tener en brazos al recién nacido y sentir su olor aumenta la liberación de la oxitocina, la prolactina, los glucocorticoides y una minoración de la testosterona.

De esa manera, se produce una unión inalterable basada en ese apego genuino que tiene la misma fuerza que la de una madre por su hijo.

Por cada sacrificio, por cada noche en vela, por estar ahí… Gracias papá

Un padre no lleva capa, no es un superhéroe. Tampoco hace magia ni hará que podamos tocar la luna columpiándonos bien alto. Sin embargo, nos lo hará creer -y evidentemente, lo vamos a creer-. Porque una de sus primordiales preocupaciones es hacernos confiar en que no hay nada imposible y que podemos conseguir casi cualquier cosa que nos propongamos.

No todos y cada uno de los padres son especialmente hábiles en verbalizar su aprecio, lo sabemos. No obstante, harán guardia a la vera de tu cama cuando estés enfermo. Van a ser tus protectores de los buenos sueños en el momento en que te asalten las pesadillas y la persona que deje cualquier cosa para recogerte cuando llueva. No tienen horarios cuando les pides algo, y no importa la edad que tengas… Porque a sus ojos, eres y serás siempre y en todo momento alguien al que resguardar y cuidar sobre todas las cosas.

padre y también hija

El amor de un padre construye nuestra personalidad. Nos proporciona unos valores que integrar e imitar, una forma de enfrentar la vida basada en ese coraje que entiende de sacrificios, que ama sin solicitar nada a cambio. Es, ante todo, ese vínculo sano que supo cubrir nuestras necesidades sensibles para concretar la persona valiente y madura que somos ahora.

Todos llevamos mucho de nuestros progenitores en nuestro interior. Es un tesoro que pervive, que nos trasciende y nos impulsa. Conque no lo dudes, si aún tienes a tu padre contigo comparte tiempo con él. Porque un día despertarás y ya no habrá más tiempo para decirle todas las cosas que quieres y sientes. Hazlo ahora.

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