Quimio, meditación y alimentación consciente: así vencí al cáncer

Hace seis años le diagnosticaron un cáncer en estadio IV. El panorama era devastador. Pero tenía un niño pequeño, un marido y ganas de vivir; por ellos y por sí misma. Comenzó a recopilar toda la información posible (estudios científicos, ensayos, estadísticas) y decidió trazar un plan de resistencia basado en un cambio en su alimentación, el modo de gestionar sus emociones y en hallar la paz mental y disfrutarla. El método desafió al cáncer de tal modo que logró burlar su devastador pronóstico de vida de cinco años. Odile Fernández (Granada, 1978) ha convertido su experiencia en una guía de vida titulada Mi revolución anticáncer (Planeta). Hoy, Día Mundial del Cáncer, nos cuenta cómo lo consiguió y trae una esperanza de vida para cualquier persona que padezca la enfermedad.

Hablemos primero de tu experiencia. Ante todo, debemos señalar a los lectores que sabes de lo que hablas. Cuéntame brevemente qué te detectaron y cómo estás hoy aquí tan sonriente.

Yo he vivido la enfermedad desde las dos orillas, como médico y como enferma. Hace seis años, tenía 32 y un niño de tres, me detectaron un cáncer de ovarios con metástasis. Acababa de aprobar las oposiciones como doctora, estaba en un momento dulce y de repente… Tenía la enfermedad en pulmón, huesos, vagina. Imagínate. Cuando eres médico es peor si cabe: conoces los efectos de la quimio, no dejas de investigar, mirar estadísticas y ver que la supervivencia es de cinco años. Te planteas “El día que muera ¿me dolerá? ¿Cómo será la agonía?”. La primera semana lloré a mares. Le llegué a grabar a mi hijo un vídeo de despedida, que mamá no iba a poder acompañarle el resto de su vida.

¿Cómo te sobrepusiste?

Tras esa semana terrible, me dije “hasta aquí”. Voy a vivir, voy intentar hacer todo lo posible. En mi caso, la quimio era paliativa, pues en mi estadio la enfermad era incurable. Eso es lo que me decía la medicina oficial pero yo no podía dejar a ese niño tan pequeñito sin madre, así que comencé a buscar publicaciones científicas que hablasen de cáncer, alimentación y emociones y en qué hospitales se seguían tratamientos complementarios al oficial. Y sí, en Houston y Nueva York lo hacían. Era lo que yo necesitaba. Pero en España no existía más que el tratamiento oficial. Ahí empezó mi revolución. En la cocina.

Tras seis años, no hay resto de cáncer en su cuerpo. Ha tenido otros dos hijos.
Tras seis años, no hay resto de cáncer en su cuerpo. Ha tenido otros dos hijos.
(Otras fuentes)

El cambio comenzó junto a la quimioterapia: yo no tenía efectos secundarios. De hecho, en los descansos de la quimio estuve viajando”

Odile Fernández

Médico de familia

Y comenzaste a notar su efecto.

El cambio comenzó junto a la quimioterapia: yo no tenía efectos secundarios. De hecho, en los descansos de la quimio estuve viajando. Pero además, cada día me notaba mejor, más activa, con más vitalidad y las metástasis que eran palpables, como la de la vagina, iban desapareciendo. Eso fue un subidón y pensé que tenía que contarlo. Lo comenté con mis compis de quimio e íbamos viendo cómo también mejoraban sus marcadores tumorales.

Leer >>  Tres tipos de hombres que nunca deberían ser tu pareja

Qué bonito poder contagiar lo bueno y no lo malo.

¡Claro! Y esas personas lo comentaban con otras y me pedían que lo contase. Empecé a hacer conferencias en petit comité, hice un blog… Y así comencé hasta llegar aquí. Las pruebas médicas dicen que seis años después he erradicado completamente el cáncer. De hecho, he tenido otros dos hijos.

¿Podemos hablar de un caso inexplicable? ¿De una remisión espontánea de la enfermedad según los cánones más ortodoxos?

No es una remisión espontánea, pues he seguido quimioterapia. Pero también es cierto que mi pronóstico era de cinco años y solo un 5 % sobrevive más tiempo. He roto un récord, sí. Pero no soy una gurú; solo una mujer corriente que creyó en sí misma, en su sueño de sanar y puso todas las herramientas.

Su diagnóstico fue de cáncer de ovarios con metástasis. Decidió hacer lo posible por vivir.
Su diagnóstico fue de cáncer de ovarios con metástasis. Decidió hacer lo posible por vivir.
(blueringmedia / Getty Images/iStockphoto)

Observé cómo se alimentaban las poblaciones con tasas de cáncer más baja: Grecia y Japón. De Nepal me traje muchas especias”

Odile Fernández

Médico de familia

Hablemos de ellas. Primer punto, la alimentación: tienes un blog,
Mis recetas anticáncer
, en que recomiendas qué alimentos debemos consumir para mantener al cáncer alejado en lo posible. Qué no puede faltar en la dieta semanal.

Básicamente es dieta mediterránea, pero la que llevaban nuestros abuelos, fusionada con otras. Yo intento seguir dieta vegetariana pero no estricta, pues sí como pescado. Desde luego, si no vas a seguir dieta vegetariana, mucho más pescado que carne; así, recomiendo que el 80 % de los alimentos sean vegetales, frutas, legumbres, cereales integrales, semillas, frutos secos. Para cocinar, aceite de oliva virgen y aguacate y para aliñar, especias. También recurro a lo mejor de otras poblaciones con tasas de cáncer muy bajas. Si en Occidente son los griegos –que también son los más longevos– a nivel global, japoneses y chinos. De Japón tomo setas y algas –en España son muy buenos níscalos o rovellons y champiñones– así como pescado crudo –aquí tenemos los boquerones y las anchoas–. Cuidado con el atún rojo porque los peces grandes acumulan más metales pesados, así que es preferible sardina, jurel y caballa. De Nepal nos traemos cúrcuma, jengibre, canela… Todas las especias.

¿Qué dietas desechamos?

Las de las poblaciones con más cáncer. Del libro me gusta mucho la parte dedicada a las estadísticas. Quienes menos cáncer sufren son quienes siguen dieta mediterránea y japoneses. ¿Quiénes más? Los que consumen más carnes rojas, EEUU y Australia, y leche, como daneses y nórdicos. Tampoco interesa comer patatas, como hacen los irlandeses. Hay que reducir carnes rojas, leche y patatas; sobre todo, fritas. Podríamos consumir yogur y queso y debemos reducir lo máximo posible el azúcar. En EEUU la media es 60 kgs de azúcar por persona al año y en Japón, 4 kilos. Y el problema del azúcar no es el que pones en el café sino el que está oculto en los alimentos: pan de molde, embutidos, refrescos, zumos envasados, galletas, etc.

Leer >>  El corazón necesita vitaminas A, B, C: Abrazos, Bondad y Cariño
Loading...
Su método fue seguido por compañeros de quimio que le impulsaron a escribir el libro.
Su método fue seguido por compañeros de quimio que le impulsaron a escribir el libro.
(Planeta)

En cuanto a la mente, recoges el principio budista de ¿te conviertes en lo que piensas, atraes lo que sientes, creas lo que imaginas”. ¿Hasta qué punto esto no es literatura? ¿Has podido comprobar efectos físicos producidos por el cambio en la forma de pensar?

Yo cambié mi actitud vital y lo he notado. No me gusta demasiado la palabra “positivo”, pues parece que el paciente deba estar siempre de buen humor, sino la actitud de paz, calma. Cuando estoy serena, atraigo serenidad y gente que me aporta. Si estoy enfadada, se genera mal ambiente y a mi alrededor las cosas no van bien. Yo no he sido tan consciente hasta tener la enfermedad.

Es decir, el efecto psicosomático negativo al revés: es posible convertir la mente en una aliada para sanarse o, al menos, para no enfermar.

No nos damos cuenta del daño que nos autoinfligimos a casusa de la mente. Pero no nos enseñan de pequeños a manejar las emociones, a relajarnos, a meditar. Practicar el mindfulness me cambió la actitud vital.

Últimamente oigo esta palabra por todas partes. ¿Cómo la interpretas tú?

Mindfulness significa estar en el aquí y el ahora. Si ahora estamos haciendo esta entrevista, la disfruto y no estoy pensando si luego tengo que coger un avión. La meditación también te enseña que de un granito hacemos un castillo y no debemos; que el pasado, pasado está y no puedes cambiarlo y el futuro es incierto. No solo es el aquí y el ahora sino un estilo de vida: te centras en quererte a ti para querer a los demás, en ser bondadoso y compasivo contigo y con los demás. Cuando hace esto, te sientes feliz y la vida te trae cosas buenas. Lo ideal sería hacer este cambio sin estar enfermo.

La dieta japonesa ayuda a que su tasa de cáncer sea muy baja.
La dieta japonesa ayuda a que su tasa de cáncer sea muy baja.
(A. G.)

Mindfulness significa estar en el aquí y el ahora. Si ahora estamos haciendo esta entrevista, la disfruto y no estoy pensando si luego tengo que coger un avión”

Odile Fernández

Médico de familia

Entiendo que tu libro no está enfocado a personas que ya son proclives a la meditación, el orientalismo y la vida alternativa, sino a cualquiera que le caiga encima un diagnóstico devastador. ¿En tu libro vienen las herramientas para iniciarse?

Claro. Explico la meditación paso a paso, sin necesidad de irse al Tibet o aun retiro de diez días en la montaña. Yo propongo meditar cada día un poquito, aunque sean unos minutos: que te sientes, te centres en tu respiración y dejes de pensar en los problemas. Y esto, ir aumentándolo poco a poco. Lo estamos practicando con los niños; en el cole de mi hijo hay una forma de mindfulness que llaman interioridad y han comprobado que ha bajado el bullying, los problemas entre los niños y están más relajados en los exámenes.

Leer >>  El poder del vacío: Ley de atracción

Debo felicitarte por el formato del libro. Da gusto pasar sus páginas y resultará muy fácil tomarlo como una agenda de cabecera.

Es un libro para leer con un lápiz, no solo hay consejos sino parte práctica para evitar la pereza de ponerlos en práctica. La teoría se apoya en artículos científicos traducidos al lenguaje sencillo, también una parte para reflexionar y replantearnos cosas. Otra sección para elegir cosméticos así como el lado interactivo que ofrece información complementaria [el libro incluye códigos QR con información adicional]. Es un libro pensado para que un nunca más enfermo con cáncer se sienta solo: propongo compartir, que cada persona que haga los ejercicios vaya comparta su revolución con otros enfermos y nos apoyemos. Vienen etiquetas o hashtags para enviar testimonios a las redes sociales y crear una comunidad virtual de apoyo.

Háblame de la soledad.

Ocurre muchas veces: aunque tengas alrededor muchos seres querido puedes llegar a sentirse solos porque no te entienden, quien no ha pasado por la enfermedad no conoce esos altibajos, sentirse muy optimista y, de pronto, venirse abajo y llorar. Es un vaivén emocional tremendo que sí entiende quien vive o ha vivido la enfermedad.

Odile apuesta por la dieta mediterránea –los griegos son muy longevos– y la erradicación de tabaco, alcohol, leche, azúcar y carnes rojas
Odile apuesta por la dieta mediterránea –los griegos son muy longevos– y la erradicación de tabaco, alcohol, leche, azúcar y carnes rojas
(Getty)

Y llegamos a la arteterapia. Aquí ya nos ponemos un poco esotéricos. Entiendo que la música amansa a las fieras pero, más allá de relajarse, ¿cómo usar el arte para la propia sanación?

A mí me ayudó la cocinoterapia, como yo la llamo, meterme en mi cocina a preparar recetas saludables me ayudaba a desconectar: “Mañana me toma quimio, vomitaré o no vomitaré…”. La arteterapia es otra forma de gestionar las emociones a través del arte. Creando algo, ya sea cerámica, pintura, escultura o una receta, podemos ayudar a diluir la ira, el enfado o la depresión. Nuestras abuelas hacían meditación y arteterapia con el ganchillo. Hoy se está extendiendo mucho colorear mandalas, como hacíamos de niños, para aquietar la mente.

Recoges una recomendación que ya había leído antes: la importancia del perdón. No solo perdonar a los demás una afrenta, sino perdonarse a sí mismo. Deshacer nudos de culpa.

Acumulamos mucha rabia por daños que hemos sufrido, conflictos vividos… Y es necesario sanar ese rencor para estar bien emocionalmente. Aprender a perdonar es reconocer que esa ofensa te ha afectado, tratar de ponerse en el lugar del otro y dejarlo ir. También perdonarnos a nosotros mismos, dejar de compadecernos. Por ejemplo, si la quimio no funciona. No es tu culpa. No te sientas culpable. Cáncer no es tanto lucha sino un desafío para tomarse la vida de modo distinto.

Acumulamos mucha rabia por daños que hemos sufrido, conflictos vividos… Y es necesario sanar ese rencor para estar bien emocionalmente”

Odile Fernández

Médico de familia

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *