Nada hace más bella a una mujer que la creencia de que lo es

Considerarse bella o no, es una noción personal abstracta ligada a numerosos aspectos. Una mujer se considera bella cuando subjetivamente interpreta que posee salud corporal, sensualidad y simetría. Creerse y sentirse bella produce en la mujer sentimientos de atracción y de bienestar emocional.

La caracterización de una mujer como bella, ya sea de forma individual o por consenso de la comunidad, a menudo se basa en una combinación de belleza interior, que incluye los factores psicológicos, y de belleza exterior, que incluye los factores físicos. La belleza externa se suele medir en base a la opinión general o el consenso de un grupo de personas. En cambio, la belleza interna, sin embargo, es más difícil de cuantificar.

La imagen que tenemos de nuestro cuerpo es una representación mental de la figura corporal, su forma y tamaño. Está influenciada por factores históricos, culturales, sociales, individuales y biológicos que varían con el tiempo. Las normas culturales sobre el ideal de belleza desempeñan un papel relevante en la relación entre la apariencia física y la autoestima de la mujer.

La belleza no hace feliz al que la posee, sino a quien puede apreciarla

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Sentirte bella depende de ti

En un estudio clásico de Garner, realizado con una muestra comunitaria de 4.000 personas se encontró que el 56% de las mujeres estaban insatisfechas con su apariencia física, el 89% quería perder peso y el 15% habían utilizado estrategias para perder peso al menos durante cinco años de u vida.

Mujer mirándose a un espejo insatisfecha

Que el 89% de las mujeres quieran perder peso demuestra lo inalcanzable y ficticio de las medidas de la belleza femenina. Por razones genéticas y biológicas, existen muchos tipos de belleza. Si nos comparamos con medidas imposibles que solo el 10% de la población puede tener por cuestionas biológicas, siempre seremos “feas”. Así mismo, mujeres modelos con las medidas  “ideales” para la moda, también han mostrado insatisfacción corporal, por ejemplo Irina Shayk, confesó que se llegó a sentir fea e insegura.

Las mujeres que no se sienten bellas, desarrollan un estilo de afrontamiento emocional pasivo cuando se enfrentan con su imagen. En cambio, el afrontamiento emocional activo se refiere a las acciones para lograr el control de la situación. Este estilo estaría asociado con la activación fisiológica destinada a permitir que nuestros recursos se pongan en marcha, por ejemplo, para contrarrestar el estrés.

Estudios actuales están demostrando que no influye tanto el índice de masa corporal que tenga una mujer, como la percepción que tenga la mujer de su imagen. Por lo tanto, una mujer que tenga medidas prototípicas, si realiza un afrontamiento pasivo de su cuerpo posiblemente no se sentirá bella. En cambio, una mujer con unas medidas menos “publicitarias”, si realiza un afrontamiento activo de su cuerpo probablemente se sentirá más bella, debido a que tendrá una percepción mayor de autoeficacia.

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El autoconcepto y la belleza

Actualmente, el canon de belleza occidental tiende a hacer un excesivo hincapié en la extrema delgadez, como prototipo femenino de imagen corporal. Ese ideal de belleza tan inalcanzable como extremo, es aceptado e internalizado por muchas mujeres, influyendo negativamente en su autoconcepto.

Al final de la infancia y durante la adolescencia es cuando la comparación social tiene influencia en el desarrollo del autoconcepto. Las mujeres que no tienen el “cuerpo ideal” que la publicidad y los medios nos venden, presentan más riesgo de preocuparse y de sufrir con su aspecto físico, a la vez que se forma en ellas un autoconcepto negativo.

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El autoconcepto negativo de una mujer influye en la manera en la que se enfrenta con su autoimagen. Desarrollamos nuestro autoconcepto a través de la interacción con las demás personas. El entorno donde nos movemos juega un papel muy importante. Si diariamente las mujeres estamos recibiendo información de cómo debe ser nuestro cuerpo, nuestro autoconcepto se verá mermado si no conseguimos tener el control de nuestros recursos y fortalezas.

Además de la belleza exterior, también existe la a veces olvidada belleza interior. Una persona puede parecer y sentirse más atractiva por sus características psicológicas internas, tales como congruencia, elegancia, encanto, gracia, integridad, inteligencia, personalidad y simpatía. Así, en definitiva, percibir nuestra autoeficacia hará que nos sintamos más bellas.

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