La Inteligencia Emocional y sus beneficios para la salud

¿Quién no ha oído hablar de Inteligencia Emocional? Son muchas las publicaciones que se han realizado sobre ella, lo sé, pero, ¿quién me la sabría definir exactamente o hablar de los beneficios que puede aportarnos? He aquí el quid de la cuestión.

A pesar de todo el material que tenemos a nuestro alcance sobre este tipo de inteligencia, parece que no termina de quedarnos claro. Por ello, trataré de responder a estas preguntas, de una forma que os resulte amena y, sobre todo, útil en vuestro día a día.

¿Qué significa Inteligencia Emocional?

Al empezar a hablar de Inteligencia Emocional cabe resaltar algunos aspectos. La primera idea interesante con la que me gustaría que os quedarais es que nuestro nivel de Inteligencia Emocional no es estable a lo largo de nuestra vida. Así, la buena noticia es que se puede entrenar y desarrollar.

Corazón en forma de árbol con hojas

Por otro lado, si la etiquetamos como “emocional” es porque hay otros tipos de inteligencia. Esto no quiere decir que una sea mejor que otra, sino que se complementan entre sí y que hay que tenerlas en cuenta para conseguir un desarrollo óptimo.

Pero, ¿qué es la Inteligencia Emocional? Según Salovey y Mayer (1990), quienes acuñaron el término, consiste en “la habilidad para percibir, evaluar y expresar con exactitud la emoción; para acceder y/o generar sentimientos cuando elicitan el pensamiento; para entender la emoción y el conocimiento emocional; y de regular las emociones para promocionar el crecimiento emocional e intelectual”.

¿Esto qué quiere decir? Pues que la Inteligencia Emocional se compone de cuatro capacidades:

  • Percibir las emociones de forma precisa: ser capaces de identificarlas en las caras, las voces y los demás estímulos que nos llegan.
  • Aplicar las emociones de forma que faciliten el pensamiento y el razonamiento. Esto se contrapone a la idea clásica de que la razón y la emoción conviven enfrentadas. Resulta que, en realidad, nuestro razonamiento puede mejorar si tenemos en cuenta la información emocional en el proceso.
  • Comprender las emociones: conocer su nombre, saber identificarlas y diferenciarlas, así como comprender las relaciones que se dan entre ellas.
  • Regular las emociones tanto propias como ajenas, sin suprimir ni reprimir las emociones negativas, ya que si lo hacemos podemos provocar que se cronifiquen y condicionen nuestra vida diaria de forma considerable.

Como podemos observar, cada capacidad se sustenta en la anterior. Es decir, que para que las emociones faciliten el razonamiento, es necesario que primero las percibamos correctamente. Del mismo modo, para comprenderlas, antes debemos aplicarlas e identificarlas de forma adecuada. Por último, para conseguir regularlas eficazmente, tenemos que haber desarrollado la comprensión, la aplicación y la percepción de las mismas.

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¿Qué beneficios para la salud conlleva ser emocionalmente inteligente?

Parece obvio, en base a lo hablado ya sobre Inteligencia Emocional, que tener unas buenas capacidades para relacionarnos con las emociones nos va a ser muy útil. En efecto, se ha comprobado que las personas emocionalmente inteligentes tienen un mayor éxito a nivel profesional y académico. Además, sus relaciones sociales son más satisfactorias y de mejor calidad.

Caras en el cerebro Inteligencia Emocional

Pero no solo tiene estas ventajas a nivel profesional y social, también influye positivamente en nuestra salud. Tener una adecuada Inteligencia Emocional nos va a ayudar a prevenir distintos trastornos psicológicos, como la depresión y la ansiedad. Por ejemplo, se ha demostrado que las personas que prestan demasiada atención a las emociones, sin tener las habilidades adecuadas para regularlas, presentan mayores niveles de emocionalidad negativa.

En esta línea, ser emocionalmente inteligentes va a ser un factor de protección para el desarrollo de los trastornos psicosomáticos. Dichas patologías son aquellas dolencias físicas cuyo origen y desarrollo se ven influenciados por factores psicológicos. Un ejemplo de ello son los herpes labiales que le salen a algunas personas en épocas de estrés. Pero también incluyen enfermedades coronarias, el cáncer o la diabetes, entre otros.

En definitiva, presentar altos niveles de Inteligencia Emocional va a ayudarnos a regular eficazmente las emociones negativas. Esto conlleva que el malestar psicológico presente en el inicio y evolución de dichos problemas físicos se va a reducir. Así, seremos más eficaces utilizando los recursos que tengamos a nuestro alcance para enfrentar la enfermedad, y contaremos con una mayor adherencia al tratamiento aunque sus efectos no sean inmediatos.

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