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El mar es saludable desde cualquier punto de vista. De hecho, cuando el humano tiene la ocasión de querer extensiones infinitas, se producen cambios en su percepción y en su estado sensible. Unos cambios que se potencian cuando el espacio infinito tiene un movimiento cadencioso. Por eso hay bastantes personas que pueden continuar horas enteras contemplando el mar.

El cerebro está dotado de una propiedad que se conoce como plasticidad. Esto tiene que ver con el hecho de que todo cuanto experimentamos genera un cambio en su arquitectura, así sea más grande o bien más pequeño. Por ejemplo, la meditación y mirar el mar son algunas de esas experiencias que dan sitio a un cambio poderoso en nuestro estado mental.

No es casualidad que tantos versistas en el mundo hayan dedicado sus versos al mar. Esa gigantesca masa de agua produce grandes emociones y la percepción de su movimiento puede tener una resonancia poderosísima en nuestro sistema inquieto. A continuación vamos a profundizar en algunos de sus efectos.

1. El mar potencia la creatividad

Se ha comprobado que los ambientes sobrecargados de estímulos simultáneos generan agobio. Es lo que pasa cuando, por poner un ejemplo, nos desplazamos por una gran avenida de la gran ciudad. Allá hay muchos turismos, muchas personas, muchas construcciones… Nuestra mirada se encuentra con cientos y cientos de estímulos al mismo tiempo y producirnos una sensación de agobio.

Con el mar ocurre todo lo contrario. Se trata de una gran extensión de agua en donde sobresalen pocos elementos. Están las olas, las aves marinas y quizá alguna embarcación. Cada elemento es plenamente identificable. Frente a esto, el cerebro reacciona imaginando y creando. El entorno permite que podamos destinar una buena parte de nuestros recursos a generar pensamientos novedosos, cuando en otras visiones más estimulantes deberíamos destinar parte de ellos a sostener la atención.

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dos. El mar facilita la meditación

El mar no solamente se ofrece a la vista, sino es una experiencia que implica prácticamente todos los sentidos. Tiene un rumor suave y rítmico, que se capta a través del oído. Al tiempo, el color azul o bien verde del océano son tonos que aquietan la mente. El mar asimismo llega hasta el olfato, con su aroma mineral y de vida.

Todo esto en conjunto potencia la aparición de ondas alfa en el cerebro. Estas ondas son propias del sueño. Pero en este caso aparecen durante la vigilia y en frente de un foco de atención fijo y poco variable. Ese estado cerebral es el mismo que se alcanza a través de la meditación y tiene el poder de asistirnos a suprimir elementos tóxicos de la mente.

TEOBALIN / Pixabay

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3. Contribuye a la relajación y reduce la sofocación

Este es quizá el efecto más visible del mar en el cerebro. El color, el movimiento y la extensión del mar ejercitan un efecto de reposo sobre el cerebro y todo el sistema inquieto. Ante nuestros ojos tenemos un espacio absolutamente abierto, que se complementa con el infinito del cielo y propicia una sensación de tranquilidad.

Instintivamente, el mar en calma nos produce confianza. Esto se debe a que se trata de una extensión plana, en donde no hay lugares “ocultos”. Nuestro cerebro lo acepta como una ausencia de amenazas y de ahí que elimina las voces de alarma. El resultado es una relajación del sistema inquieto. Además, algo en nuestro interior sabe, biológicamente, que de allí venimos. Que de allá viene la vida. De ahí que, lo sentimos en alguna medida “familiar” y protector.

cuatro. El mar detiene la rumiación de pensamientos

La rumiación de pensamientos corresponde a ese ejercicio de volver una y otra vez sobre exactamente la misma idea, de forma obsesiva. Tienes en psique algo que no se separa. Mas al meditar en ello nunca llegas a nueva conclusión, sino que vuelves al punto de partida. Exactamente las mismas preguntas. Las mismas contestaciones. Y eso te intranquiliza.

El mar nos ayuda a cortar con estos ciclos perjudiciales de pensamientos que se parecen a una calle sin salida. Esto se debe a que se trata de un espacio que guarda poca relación con nuestros ambientes cotidianos. No existen muchos referentes que puedan remitirnos a nuestras rutinas. Se trata de una ruptura y eso contribuye a desengancharnos de las ideas obsesivas, que en tantas ocasiones nos persiguen en el día tras día.

5. Tiene un efecto parcialmente hipnótico

La simple contemplación del mar nos ayuda a entrar en un nuevo estado mental. Como anotábamos ya antes, propicia la producción de ondas alfa. Al mismo tiempo, desde el punto de vista sensible ejercita una gran atracción. Esto conduce a que el término de tiempo se relativice. De ahí que podemos pasar largos ratos frente al mar sin darnos cuenta.

El mar es en definitiva una de esas maravillas que se nos revelan en la naturaleza. Nos lleva a probar un momento trascendental y, al unísono, renovador. Equivale prácticamente a una terapia, por sus expepcionales efectos sobre el cerebro. Es, indudablemente, uno de los lugares a los que es bueno asistir cuando nos invade el desasosiego ya que en sus aguas podemos deshacernos de aquello que nos preocupa.

La entrada ¿Conoces el efecto del mar sobre tu cerebro? aparece primero en La Psique es Maravillosa.

Escrito por Edith Sánchez en La Mente es Fantástica

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Categorías: Superación

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