Para el bebé, para el alma y su consciencia, cualquier ritmo de vida estresante y estridente puede afectarle y provocarle rechazo a la hora de ocupar su cuerpo físico. Las almas sufren mucho al nacer, más que cuando mueren. El alumbramiento es un acto muy importante, muy respetuoso y necesita mucha paz, tranquilidad, armonía y amor. Los miedos a la hora del alumbramiento sólo provocan mal estar en el alma que hasta el último momento sufre y tiene dudas de si nacer o no. El amor puro a la hora de la concepción es lo que hará que el alma que acuda sea de una vibración mayor. El amor en el hogar es lo que más nutre al bebé y lo colma de paz y tranquilidad. La estabilidad emocional de la mamá y de su entorno es vital para que el alma del bebé se sienta acogida y se desarrolle a gusto dentro de su nuevo cuerpo físico.

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“¡Hay que dejar de infantilizar a los que vienen! Hay que dirigirse a ellos con palabras que sean palabras y frases que parezcan frases; y además, con una grandeza de espíritu que no se transforme en tentativa de anexión de personalidad de recién nacido. Los padres deben mantener abierta su conciencia dejando de dirigirse a ellos con unos términos y unas ideas deformadas, atrofiadas. Si no lo hacen así les saturan la conciencia de somníferos. Hay que ofrecer ternura… Sin olvidar una semilla de inteligencia. Con mucha frecuencia, por desgracia, los padres ahogan la irradiación mental de su hijo desde los primeros momentos pues no ven en él una individualidad que hay que canalizar y respetar, sino una materia a modelar que les pertenece.

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¿Qué dice la biblia?

Según dice una de las escrituras de la biblia, Jeremías 1:5

“Antes de que te formase en el vientre de tu madre te conocí. Antes de que nacieras te santifiqué, te di por profeta a las naciones”.

Esta escritura, así como muchas otras, dan testimonio para los creyentes de que Dios nos conoce desde antes de nacer y de que existe una separación entre el cuerpo y el alma.

Creo que todas las mamás podemos percibir ese algo tan especial desde el momento en que nos enteremos que estamos esperando un bebé y, a veces, antes de que esto pase. A lo mejor la ciencia y las religiones no tienen una respuesta unánime, pero todas las mamás sabemos que conocemos a esa personita desde antes del primer latido de su corazón.